XIV Congreso Católicos y Vida Pública

XIV Congreso Católicos y Vida Pública
XIV Congreso Católicos y Vida Pública. Madrid 16, 17 y 18 de noviembre de 2012

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Feliz Navidad


Estas fiestas tan alegres, en las que la familia se une, es un momento perfecto para profundizar en los valores cristianos que tan perseguidos son por la sociedad actual.

Por otro lado es lógico que en estas fechas se consuma más que en otras, pero no podemos permitir que ello haga que se pierda lo verdadero de la fiesta, lo profundo y lo cristiano de ella. Que nunca olvidemos que lo que se celebra no es el día de las lucecitas del Corte ingles, si no el nacimiento de Dios en la tierra y salvador del hombre, esto muchas veces pasa desapercibido por la gente, pero los cristianos tenemos que hacer un esfuerzo para que el laicismo no se apropie de una fiesta que es 100 por 100 cristiana. Por solo poner una ejemplo, he llegado a escuchar verdaderos disparates al respecto, hasta el punto de haber escuchado decir que la Navidad es una fiesta que se puede hacer desde el laicismo, algo así como los extraños bautizos laicos que ya se están empezando a poner de moda, algo así como, si, no soporto que haya un crucifijo en el colegio de mi niño, ni que se rece en un colegio de monjas, pero yo quiero aprovecharme de lo que considero guay de la religión católica, en fin unas de tantas hipocresías a las que estamos acostumbrados. Yo estoy totalmente en contra, pero creo que es bueno que veamos las orejas al lobo (como se dice popularmente) para que no permitamos que Papa Noel, la estrella o el árbol sustituyan a nuestro tradicional Belén navideño.

Espero no haber subido mucho el tono en unas fiestas que se deben de caracterizar por la paz y la armonia, pero es que en ciertos sentidos no se puede bajar la guardia.

Sin mas os deseo a todos una Feliz Navidad y un prospero 2011.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Yo si te espero


Ante las críticas y las pretendidas ofensas de quienes quieren desprestigiar la visita de Su Santidad, hay que dar una respuesta unánime, de respeto y de acogida a Benedicto XVI. Si hay quien es intolerante y no comprende que existen convicciones distintas a las suyas y necesita sabotear la visita de una autoridad espiritual y social como es el Papa, haya ellos, pero nosotros, los católicos, debemos de combatir el mal con el bien, lo errado con lo justo.

Pero esta no es solo la visita del Papa Joseph Ratzinger, un gran Padre de la Iglesia, un gran intelectual de estos tiempos, ya que si por algo se ha caracterizado la Iglesia moderna es por dar grandes Papas a la historia, pero aun así, este encuentro de la cabeza de nuestra Iglesia Católica, tiene un plus especial, y es la conmemoración de dos grandes actos para nuestro país, por un lado la celebración del año jacobeo, que no volverá a coincidir en otros 11 años y por otro lado un hecho histórico, como es la consagración de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí, obra que empezó a finales del siglo XIX y uno de los símbolos de Barcelona, y aun a quien le pese, también de España.

Por eso, todos los católicos y en especial los españoles, tenemos que mostrarle a nuestra cabeza espiritual, nuestro respeto, y nuestra satisfacción por su visita, tanto los que irán a recibirlo, como los que no podemos estar con el físicamente. Pero todos debemos de hacer una invisible línea de apoyo a Benedicto, línea que borrara las seguramente actuaciones de cuatro anticlericales radicales que seguramente intentaran ser protagonistas en algo que nos les incumbe, aunque no se dan cuenta, de que lo que consiguen es poner de relieve que aunque para mal, el Papa también les importa.

Sin más, desde católicos en la red le damos nuestra humilde bienvenida a Su Santidad Benedicto XVI

jueves, 2 de septiembre de 2010

SALVE (José Marcial Fdez de Córdoba Álvarez)

Dios te salve, Madre pura
Madre inmensa de bondad:
Todo lleno de ternura
A tus pies vengo a cantar

Dios te salve, Madre buena
Oh qué grande es mi maldad…
Dios te salve, mira en pena
Convertida mi crueldad.

Oh piadosa, oh clemente,
Yo no sé qué hacer sin ti.
Ven y vuelve hasta mi mente
Las sentencias de David.

¡Dios te salve y así imploro!
Sumergida en ansiedad,
Vuelvas cánticos mi lloro
Mis angustias mi calmar.

Yo era niño y era bueno
Cuanto halago en ti cifré
Más después dejé tu seno
Y en falacias me engolfé.


De este mundo las espinas
Me han punzado con furor.
Y me encuentro como en ruinas…
Desolado… sin calor.

Oh mi vida, mi dulzura,
¡Mi esperanza en el sufrir!
A que calmes mi amargura
Dios te salve, vengo a ti…

Vuelve pronto esos tus ojos
Tengo miedo de vivir;
Ven y quita los despojos
Del pasado frenesí.

De este valle de malezas
Me han punzado con furor;
Y en mil noches y tristezas
Me han sangrado el corazón.

Dios te salve, ven, que sienta
Tus cuidados sobre mí.
No me dejes que ya aumenta
¡Este miedo de vivir…!

Tu mi vida, se guiadora
De mi fe y mi caridad.
Reina y Madre auxiliadora
No me dejes por piedad.

Que me falte todo, todo.
Que esté yermo el corazón
Que me inunde el fiero modo
La tristura… la aflicción.

Mas que siempre esos tus ojos
Que aprisionan mi ilusión,
Formen dulces, dos manojos,
¡Que me cuenten de tu amor…!

Dios te salve bien te pido,
Siento miedo de morir.
No me digas lo que he sido
Ten piedad…Ruega por mí.

Escrito para Senderos. Órgano central del occidente colombiano. Marzo 1.938

martes, 1 de junio de 2010

Artículo del diario El Mundo.

A la izquierda le acaba siempre emergiendo el instinto de quemar iglesias. Como un tic. Ese anticlericalismo a lo Alfonso Guerra. Con la crisis le ha vuelto a surgir y ayer EL MUNDO publicaba que voces dentro del PSOE reclaman recortes para la Iglesia como una de las medidas anticrisis. Voces que el martes fueron las más aplaudidas en la reunión interna del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

Aún queda gente que cuando habla de esta institución ve a Franco resucitado y a todos los fantasmas de aquel tiempo. Y es incapaz de separar la anécdota de la categoría. Lo pasajero de lo inmarcesible. Claro, al no ser católicos, tienen dificultades en ello. Por muchos fantasmas que alguien quiera ver, y a pesar de los errores del pasado, la Iglesia católica es la primera ONG del mundo en general y también de España.

Cuando se habla de recortarle o de retirarle algún presupuesto a la Iglesia no se está hablando de retirarle financiación a una secta para que no pueda imprimir panfletos de captación. Estamos hablando de negar servicios sociales a la gente más necesitada, a la gente que no pude ni acceder a los servicios sociales que proporciona el Estado.

En las plazas mayores de los pueblos suele haber tres sedes: la del Ayuntamiento, la del sindicato y la iglesia. Cuando hay crisis, especialmente una aguda y compleja como la presente, la gente no acude ni a la puerta del Ayuntamiento ni del sindicato y todas las colas se forman frente a la iglesia, que es la que acaba arreglando el problema, o como mínimo haciéndolo más llevadero.

El dinero mejor invertido del mundo es aquel que a través de curas y monjas, y misioneros y misioneras, llega con total eficacia y sin ningún desvío a los más desfavorecidos. Ningún Estado ni organización gubernamental o no gubernamental ha sido jamás capaz de extender una idea del bien y su materialización de un modo tan generoso y resolutivo.

Con la Iglesia católica, la izquierda tiene el problema del franquismo, pero también otro problema mucho más inconfesable: la envidia. Mientras que los discursos izquierdistas son todos demagogia pura sobre los pobres y sus necesidades, pero luego, a la hora de hacer, hacen muy poco o no hacen nada, y aquellas sociedades gobernadas por la izquierda son siempre las más devastadas; la Iglesia, en cambio, practica la caridad que predica, y con muy pocos recursos es capaz de una caridad casi infinita.

La Iglesia, como toda organización humana, es imperfecta. Cometió errores en el pasado y los cometerá en el futuro. Errores que siempre hay quien estará dispuesto a exagerar porque lo más fácil -y cobarde- es atacar a quien no puede defenderse. Pero en ninguna otra mano como la de un cura o una monja tu dinero estará tan a salvo de ninguna corrupción, ni tan cerca de ser la voluntad cumplida de la Tierra, que da sus frutos para todos.

Salvador Sostres, diario el Mundo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Santo/a del més: Santa Juana de Arco


Esta santa a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión. Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia. Su padre se llamaba Jaime de Arco, y era un campesino.

Juana creció en el campo y nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero su madre que era muy piadosa le infundió una gran confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María. Cada sábado la niña Juana recogía flores del campo para llevarles al altar de Nuestra Señora. Cada mes se confesaba y comulgaba, y su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado. Era tan buena y bondadosa que todos en el pueblo la querían.

Su patria Francia estaba en muy grave situación porque la habían invadido los ingleses que se iban posesionando rápidamente de muchas ciudades y hacían grandes estragos.

A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían: "Tú debes salvar a la nación y al rey".

Por temor no contó a nadie nada al principio, pero después las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre niña campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y entonces contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero después ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo se la llevó a donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey. Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para su casa.

Sin embargo unos meses después Juana volvió a presentarse ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la niña le había profetizado la envió con una escolta a que fuera a ver al rey.

Llegada a la ciudad pidió poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, guiada por las "voces" que la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente de opinión acerca de la joven campesina.

Ya no faltaba sino una ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés. El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la guerra. Pero Juana le pide al monarca que le conceda a ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil hombres se dirige hacia Orleans.

Animados por la joven capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron también.

Juana no luchaba ni hería a nadie, pero al frente del ejército iba de grupo en grupo animando a los combatientes e infundiéndoles entusiasmo y varias veces fue herida en las batallas.

Después de sus resonantes victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de Reims.

Pero vinieron luego las envidias y entonces empezó para nuestra santa una época de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.

Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.

Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.

Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: "Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo". Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.

En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terribles de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.

Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu.